El Lolita como terapia


Debo decir, con absoluta sinceridad, que estoy pasando por la etapa más difícil de mi vida: me separé hace casi un año del padre de mi hijo,  me involucré en una nueva relación que no pudo ser, tengo meses desempleadas y ahora mi ex quiere la custodia de mi hijo… Cuando a los problemas cotidianos y emocionales se le agregan los legales, las cosas pueden tornarse muy oscuras. Pero no es mi intención aburrirlas con mi vida, al contrario, quiero manifestar, desde mi vivencia personal, el importante papel que ha jugado el Lolita al evitarme caer en una depresión casi segura.

Este año me alejé de las comunidades Lolita casi por completo: me fui de Monterrey dónde ya pertenecía a un grupo, mi hijo ha salido tan afectado que fue necesario que repitiera el curso y yo comencé a dedicar todo mi día al trabajo, a mi hijo y a la nueva relación que comencé. No tenía tiempo ni tampoco tenía con quien compartir el Lolita, un par de veces lo vestí para salir con mi pareja y ya.

Hoy, que todo se me vino abajo: ilusiones, seguridad, economía, y sobre todo la amenaza de perder a mi hijo, he tocando fondo. La manera de enfrentar una situación así sería, sin duda alguna, llevar la terapia psicológica correspondiente y si tuviera la economía necesaria lo haría, pero la mayoría de las personas tenemos que superar estas crisis solos y de la mejor manera posible. En mi caso la válvula de escape que he encontrado es retomar el Lolita. Ahora, en el peor de mis momentos, levantarme y hacer un outfit es lo que me está ayudando a salir adelante ¡Qué superficial! dirán algunos, pero para mí es la base necesaria que me da soporte y me permite continuar con mi vida, lo explico a continuación.

Todas las personas tenemos válvulas de escape que nos permiten mitigar los problemas de nuestra realidad, esas válvulas de escape nos proveen de un momento sin los problemas de nuestra vida, válvulas que nos ayudan a olvidarnos de todo por un instante. Durante ese tiempo suspendido nos divertimos, nos sentimos bien, sonreímos y estamos listos para volver a enfrentar los problemas. Mientras esa válvula de escape no interfiera con nuestra vida, es sano y recomendable. Algunos psicólogos lo manejan como terapia ocupacional, otros como una forma de contrarrestar el estrés. Cuando alguien no logra decir cuál es su válvula de escape el terapeuta puede sugerir algunas, he leído sobre empresarios que se dedican a tejer entre juntas y reuniones para poder lidiar con la presión de su trabajo.

Otras personas sí tenemos muy bien definido que actividad nos ayuda a recuperarnos del ajetreo de la vida: para algunos es una noche de parranda el fin de semana, para otros ir al cine, otros cuantos se relajan con videojuegos, algunos practican deportes extremos.  Yo descubrí que nada me puede poner de mejor humor y darme la fortaleza necesaria para seguir adelante que vestir Lolita. Decidir cómo voy a combinar ese suéter de color imposible, buscar tesoros Off Brand en las tiendas, sorprenderme con algún pastelito. foto o manualidad cute, trazar una línea bien definida en mi párpado con delineador, todos esos detalles “insignificantes” me hacen sentirme bien, relajarme, creer que mis problemas tienen solución ¿Quién diría que algo que a muchos les parece tan trivial podría ayudar de una manera tan notable a una persona? Bueno, pues a mí me ayuda.

Después de planchar bien mi tupé, acomodar los holanes de mi falda y colgarme mi dije de camafeo estoy lista para enviar solicitudes de empleo, contestar el teléfono en caso de alguna entrevista, ir por mi hijo al colegio y ayudarlo a hacer la tarea, mi mundo se simplifica y se vuelve menos agresivo con un petti debajo de la falda.

Si  mirarte al espejo y distinguir a una Lolita en el reflejo hace que se te pinte una sonrisa en el rostro y te vuelvas valiente, no lo dudes, corre por tus pololos y sal a la calle a enfrentar este mundo que es crudo pero puede ser más llevadero con una pincelada de color.

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