¿Qué pasó con el Lifestyle?

Como las estaciones, el Lolita se encuentra en un cambio constante. Hemos visto desfilar modelos, marcas, tendencias, prints, motivos, portales web e incluso la manera de contactar nuevas amigas. Pese a esta circunstancia, siempre es interesante hacer un alto en el camino para hacer una reflexión y ver cómo y cuánto hemos dejado de ser lo que éramos.

El Lolita se ha dividido en dos grandes corrientes, el fashionstyle y el lifestyle, que, si si bien en tiempos actuales el fashionstyle ha robado escena, no siempre fue así. A mediados de los 90’s y principios del nuevo milenio fue cuando el Lolita empezó a definirse a como lo conocemos actualmente. Bandas como Malice Mizer, Moi Dix Mois, Ali Project, Nana Kitade y más tarde Kanon Wakeshima se encargarían de poner encajes en la música también. Aunque bandas con vestuarios parecidos ya habían aparecido desde muchos años antes (se habla de The Dresden Dolls saliendo al escenario con atuendos de mucama francesa como una posible influencia), considero que fue gracias al auge de las redes sociales y medios electrónicos que se pudo dar la difusión del estilo a gran escala. En la escena pop japonesa, que siempre se ha visto fascinada por el periodo victoriano y por la reina María Antonieta, comenzaron a aparecer chicas que, si bien no portaban vestidos totalmente lolita, sí mostraban ciertas similitudes. El ejemplo más reconocible es Rozen Maiden, que llegó a las pantallas en 2004, pero cuyo manga empezó a publicarse en 2002, año en el que también se publica Kamikaze Girls, de la pluma de Novala Takemoto.

Con este marco de referencias, comenzó a formarse la idea de “lo que debía de ser una lolita”; El “lolitizar tu entorno”, poner atención en los detalles, el actuar con recato, tener modales, etc. Muchas chicas comenzaron a espantarse “porque no cumplían con las reglas”. Fue aquí cuando surgieron mitos e ideas muy disparatadas sobre si una Lolita podía fumar, tomar alcohol, decir groserías o tener pareja. Aquí un divertido ejemplo al respecto:

Como ven, el lifestyle más que disfrutarse se volvía una carga muy pesada y perdía el atractivo para la mayoría. En vez de adaptar el Lolita a tu vida, tenías que adaptarte a él lo cual era bueno y malo. En el lado positivo te mostraba otros panoramas en música, pintura y cocina (muchas comenzaron a instruirse en la ceremonia del té), pero en el ámbito negativo seguía siendo algo forzado por las ideas de portarse 24/7 “como una dama” (cuya definición era totalmente diferente de persona a persona). A mí ni siquiera me gusta mucho el té y como que embutirse 3 o más tazas diarias como que no. El clásico leer a Jane Austen “porque tengo que hacerlo”, como en la escuela, donde, si se me permite, se ha comprobado que en vez de alentar la lectura, la neutralizan. Caso parecido con el Lolita, pocas se animaban a vestirlo por miedo a críticas al no cumplir con X regla que alguien se inventó y que ahora felizmente nos pasamos por el petti pues es más aceptado combinar colores, texturas y experimentar, retomando lo verdaderamente importante: Divertirse con la moda.

Preguntando sobre la caída del Lifestyle a Dan Radcliffe ella nos cuenta que considera que esto se dio por dos principales razones: Comodidad y tiempo. Las calles, el transporte público y el ritmo de vida ajetreado no nos dan para andar pomposas, además de que puede llegar a ser incluso peligroso llamar la atención de esa manera (tristemente). Entre la mugre y el pavimento que raspa los zapatos no es viable estar pagando reparaciones y tintorería a cada rato. En cuestión de tiempo, si a veces es difícil prepararse para un meetup, diario resulta casi imposible poder planchar, maquillar, coordinar y salir rápidamente. Inclusive dentro de casa es difícil llevarlo a todas horas: Barrer, sacudir y lavar los trastes no es algo que se pueda hacer cómodamente tras capas y capas de ropa.

Yo añadiría el sentimiento de pertenencia, ahora es más común brincar de moda a moda en busca del estilo que más nos agrade y gracias a los shopping services y que ya hay varios canales de información al respecto, es más fácil comenzar en el lolita sola y dejarlo si es necesario sin armar tanto escándalo.

Por supuesto, esto no significa que el Lifestyle ha desaparecido por completo, pues hay chicas que sí optan por vestirlo diariamente o al menos poner un pequeño detalle en su vida diaria. Las definiciones son muy personales, lo que para unas es un gusto adquirido como el té, para otras es algo con lo que han crecido toda su vida. Confieso que extraño el reflexionar por qué vestir lolita y no relegarlo a simple ropa, pues el trasfondo histórico, social y filosófico es amplio y muy interesante, pero a fuerza ni los Rocking Horses entran, es mejor tomar lo mejor de las dos corrientes, que al final no es necesario ser una perfecta copia de Momoko para divertirse con el Lolita.

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